Retomar lo clásico
Antes del método científico,
antes incluso de que el ser humano descubriera como aprovechar la electricidad,
mucho, mucho antes de que las naciones se formaran como lo son ahora y se lucharan
las primeras batallas de independencia, la humanidad ya buscaba la manera de
explicar el mundo a su alrededor, de medirlo, de concretarlo, de entender el
orden natural que lo rige todo.
En esa época surgieron cientos de
pensadores, todos con ideas innovadoras, tanto que a algunos les costó la vida desafiar
el status-quo de lo que se pensaba.
Personas como Galileo Galilei,
quien dijo que la tierra se movía alrededor del sol y no al revés, y que fue
muerto por la iglesia; o la de Aristóteles, a quien la sociedad griega condenó
a muerte por hacer preguntas.
Mucho hemos avanzado desde
entonces, científica, cultural y tecnológicamente, y todo gracias a la
evolución de los conocimientos y de la educación de las masas. Hoy en día en
lugar de aventar piedras, atar a las personas a maderos y quemarlas por pensar
distinto, preferimos preguntar en internet, enterarnos antes de juzgar (aunque
la capacidad de hacer daño sigue latente en muchos, el ciberbullying, por
ejemplo); sin embargo, todo ese avance fue posible gracias a aquellas personas de
la antigüedad que se sentaron a pensar, preguntándose el «por qué y cómo»
de las cosas… algo que debemos retomar en la actualidad, especialmente ahora
que la humanidad parece estar experimentando una regresión en ideales, donde la
agresión supera al intelecto (la guerra Russia-Ukrania, como el ejemplo más
reciente).
Así pues, en afán de regresar a
las buenas prácticas, a aquellas que nos vieron florecer y propiciaron cambios
positivos en la historia, propongo que reincorporemos dos prácticas que en la antigüedad
eran indispensables y que nos ayudaron a establecer las bases de la ciencia: la
retórica y la dialéctica.
O en pocas palabras, el pensamiento crítico.
La sociedad actual, así como las ciencias, son demostrativas, tenemos los datos para todo y la capacidad de obtenerlos fácilmente gracias al internet, pero la verdad es que sólo un porcentaje pequeño de la población checa sus fuentes antes de compartir algo en redes sociales.
Hoy en día la mayoría sólo compartimos sin detenernos a pensar si lo que estamos leyendo es verdadero o sólo una fabricación. La capacidad de discernir lo real de lo falso es una de las prácticas que se fortalecen a partir del pensamiento crítico, y que debemos comenzar a retomar de forma urgente.
Así pues, con este propósito en
mente compartiré una serie de artículos y medios (conocidos en pedagogía como
materiales u Objetos de Aprendizaje) que pueden ser usados con este fin por
cualquiera y en cualquier momento.



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